La conciliación es cosa de dos (o de tres)
Escuchad a este tipo del videoblog Sin accesorios porque no le falta razón cuando habla de la conciliación familiar y laboral. Si la conciliación pasa únicamente por permitir que la mujer pueda dedicar más tiempo al cuidado de sus niños, mayores y su hogar ¿no estamos regresando al pasado? Muchas de estas medidas de supuesta igualdad siguen perpetuando roles primitivos y se convierten en caramelos envenenados cuando los jefes y empresarios ven en las mujeres -especialmente si han superado los 30- la amenaza de la baja por maternidad o de reducción de jornada.
No digo que estas medidas no sean positivas ni pongo en duda que los hombres tienen una implicación cada vez mayor en las familias. Entonces ¿por qué no darles opción a acogerse a las mismas medidas? La igualdad unilateral no es igualdad.
El trabajo perfecto
Buceando por la red en busca de algún trabajo que pescar para alimentar a la hipoteca (ese ente abstracto a la vez que despiadado) he encontrado esto. Está claro que cada uno tiene su misión en el mundo. Y tú ¿sabes cuál es la tuya? Porque yo llevo un rato pensando…
Por una mirada tuya…
El Ebro no solo llevaba este lunes más agua de lo normal. En la orilla, arrastraba un montón de miradas que se acercaban para asomarse al río, para ver la fuerza con la que devoraba sus márgenes, sus límites, inundaba los árboles y saltaba intentado alcanzar los puentes.
No sé si era más llamativo el paisaje que dejaba el agua o el que se podía contemplar en sus alrededores. Junto a los habituales, los que pasean o hacen deporte casi a diario junto al cauce, se sumaban los curiosos: jóvenes que se acercaban con sus motos, coches que paraban cerca del paseo y del que se bajaban padres con sus niños para mostrarles el ímpetu del agua, parejas que no querían perderse la escena… Una procesión continua de ciudadanos dispuestos a regalar, al fin, unos minutos a su río.
Las crecidas no sólo se producen por las lluvias a destiempo o por el cambio climático. Estoy convencida de que, de vez en cuando, el río se rebela, convierte el susurro en un grito y reclama un poco de atención para recobrar el protagonismo que ha tenido en nuestra historia. Somos agua y, sin embargo, solo nos paramos a contemplarla si nos falta o si invade nuestro territorio. El Ebro, con escenas como éstas, lograba hoy su objetivo.
La suerte se puede morir (o no)
Un par de días después de perder mi trabajo, uno de los dos bambús de la suerte que tenía en casa se quedó totalmente seco. No era falta de agua porque el otro permanecía intacto, igual de verde y con brotes, como siempre. No los había comprado por el tema de la suerte, porque estoy convencida de que la suerte se la labra uno mismo y unas veces las cosas salen bien y otras menos bien. Simplemente me gustaron. Pero verlo así, solo unos días después de la gran sacudida laboral, me resultó curioso.
Lo miré y recordé que unas semanas antes de aquel miércoles negro había tenido un sueño angustioso que se repitió varias noches: Unos gatos rabiosos acechaban a la entrada de mi casa intentando entrar y atacarme. La primera vez, me preocupé más bien de lo mal que había dormido, la segunda pensé “qué raro, otra vez…”, y a la tercera busqué en google (que todo lo sabe) el significado. Encontré una página en la que explicaban que el sueño advertía de enermigos en el trabajo dispuestos a dañarme “tanto en el prestigio como en la situación económica”. ¿Casualidad? ¿Intuición? Supongo que un poco de todo, sobre todo porque a los felinos los tenía ya más que identificados. Estaban por ahí, rondando, dispuestos a arañar. Y al final, se han cargado al pobre bambú, que no tenía culpa de nada.
PD.- Cuidado con los felinos, sobre todo con los de apariencia humana.
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