Por una mirada tuya…
El Ebro no solo llevaba este lunes más agua de lo normal. En la orilla, arrastraba un montón de miradas que se acercaban para asomarse al río, para ver la fuerza con la que devoraba sus márgenes, sus límites, inundaba los árboles y saltaba intentado alcanzar los puentes.
No sé si era más llamativo el paisaje que dejaba el agua o el que se podía contemplar en sus alrededores. Junto a los habituales, los que pasean o hacen deporte casi a diario junto al cauce, se sumaban los curiosos: jóvenes que se acercaban con sus motos, coches que paraban cerca del paseo y del que se bajaban padres con sus niños para mostrarles el ímpetu del agua, parejas que no querían perderse la escena… Una procesión continua de ciudadanos dispuestos a regalar, al fin, unos minutos a su río.
Las crecidas no sólo se producen por las lluvias a destiempo o por el cambio climático. Estoy convencida de que, de vez en cuando, el río se rebela, convierte el susurro en un grito y reclama un poco de atención para recobrar el protagonismo que ha tenido en nuestra historia. Somos agua y, sin embargo, solo nos paramos a contemplarla si nos falta o si invade nuestro territorio. El Ebro, con escenas como éstas, lograba hoy su objetivo.
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